Sentados en corro merendábamos besos y porros, y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa.
Te morías por volver "Con la frente marchita" cantaba Gardel Y entre citas de Borges, Evita bailaba con Freud. Ya llovió desde aquel chaparrón hasta hoy.
Iba cada domingo a tu puesto del Rastro a comprarte carricoches de miga de pan, soldaditos de lata. Con agüita del mar Andaluz quise yo enamorarte, pero tú no querías más amor que el del Río de la Plata. Duró la tormenta hasta entrados los años ochenta. Luego, el sol fue secando la ropa de la vieja Europa.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió. "Mándame una postal de San Telmo, adiós, ¡cuídate!"- Y sonó entre tú y yo el silbato del tren...
Iba cada domingo a tu puesto del Rastro a comprarte monigotes de miga de pan, caballitos de lata. Con agüita del mar Andaluz quise yo enamorarte, pero tú no querías otro amor que el del Río de la Plata. Aquellas banderas de la patria de la primavera, a decirme que existe el olvido, esta noche han venido. Te sentaba tan bien, esa boina calada al estilo del "Che". Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear, y al llegar a la Plaza de Mayo me dio por llorar y me puse a gritar: "¿Dónde estás?"
Y no volví más a tu puesto del Rastro a comprarte corazones de miga de pan, sombreritos de lata. Y ya nadie me escribe diciendo: No consigo olvidarte, ojalá que estuvieras conmigo en el Río de La Plata.
Y yo pensaba que de ella me había olvidado, acá me ves buscandola una vez más. Mi carcelera, mi perpetua condena, mi debilidad. Ave nocturna tras su vuelo deja tanta soledad. Aprendí a odiarla con el tiempo y me sentí mucho mejor. Sin embargo uno siempre añoraré, te rompe el corazón. Ahora vuelve a seducirme cuando no la espero, falsas promesas me ha vendido una vez más. Yo sólo sé que todo puede terminar de una manera. En un rincón hecho pedazos mi amargo final. Eternamente desvelado, los huesos frios del sudor esperando sin remedio un dulce sueño que no va a llegar. Bla bla bla bla bla, y yo que soy de los que piensan que nada es para siempre, de tan borracho alguna noche creo que la olvidé. Blanca novia en el altar o viuda negra sin un rastro de piedad. Ángel caido que en la noche encuentra sino para su maldad. La pobre niña en desamparo que me ofrecía su amistad, me mostró el oscuro infierno del que ya no pude escapar.
No me despiertes cuando vengas y no me hables al oído, ya no me sirven tus palabras, apagué el sueño demasiado temprano. Dejé una carta en la mesa con muy poca lucidez pero el amor no se olvida, toda mi vida rendida a tus pies.
Hay momentos que no recuerdo nada, hay momentos que no puedo olvidar, hay momentos que por las madrugadas me arrepiento y empiezo a temblar. Cinco segundos de gracia y mil horas sin razón, sequé mis lágrimas en espejos fríos y soy la sombra de ayer.

Con el crudo en las bodegas volveré a buscar todo el tiempo vivido que hemos perdido sin protestar. Voy a probar primero al olvido, a lo ajeno, voy a pasar a retiro de un tiro al culpable de mi soledad. No se que quiero, pero sé lo que no quiero, se lo que no quiero, y no lo puedo evitar. Puedo seguir escapando y aún lo estoy pensando, lo estoy pensando, pero estoy cansado de pensar.

El marinero de río, no tiene calor ni frío, la ciudad no tiene puerto y se siente muy vacío (ay que pena!) Últimamente ha perdido su capacidad de sorpresa, en un vaso de cerveza caliente fue que se la olvidó.

Quiero elegir del mapa un lugar sin nombre adonde ir, será el lugar donde viva lo que quede por vivir (y eso es mucho tiempo!) por eso de cada viaje me traigo el equipaje perdido, por eso es que he decidido nunca olvidar, nunca olvidar. No se que quiero, pero sé lo que no quiero, sé lo que no quiero, pero no lo puedo evitar. Puedo seguir escapando y aún lo estoy pensando, lo estoy pensando pero estoy cansado de pensar. No se lo que tengo, pero sé lo que no tengo, se lo que no tengo, porque no lo puedo comprar.

Puedo seguir cantando pero sigo esperando, sigo esperando pero estoy cansado de esperar.



Yo, que te di todas mis noches a vos, sin lamentos ni reproches. Te di, en las noches y los días, mis mejores melodías, en las olas más tremendas de mi vida. Yo te espero todavía, yo creo que el olvido es una fantasía.
Y así, destinado a padecerte sigo loco como siempre, inventando lo que sea para verte.