Respirar, dar de nuevo y respirar.
Y si el destino mira mal, hablarle al oído y pedirle cartas.
Respirar, más que nunca respirar, sacudir el cascarón y
sacarse de encima la modorra, el qué dirán, y tres o cuatro heridas.

Me siguen como perros flacos las novedades del pasado,
yo me hago un nudo en el pulgar para acordarme de olvidarme,
y como tengo ojeras por curar me acuesto en el hombro de mi suerte.
Ojalá que huela bien esto de perderse. Respirar, más que siempre, respirar.


Necesito una actividad o voy a entrar en depresión.


TAMPOCO EL MUNDO HACE LAS COSAS DEMASIADO BIEN.